Mensaje en la fiesta del Corpus Christi
 

La fiesta del Corpus Christi, Cuerpo y Sangre de Cristo, está profundamente arraigada en el pueblo cristiano boliviano desde los inicios de la evangelización.

Esta Jornada centra su atención de gratitud y adoración en la celebración de ese regalo de infinito amor que Cristo ha otorgado a la Iglesia, la víspera de su Muerte.

La celebración del Corpus nos invita a renovar nuestra fe católica en la presencia del Hijo de Dios, Cristo Jesús, en la eucaristía, a valorar el alimento del Cuerpo y Sangre de Cristo, bajo la forma de pan y vino.

Además, se nos convoca a la adoración pública, fuera de nuestros templos, de Jesucristo presente en el pan y vino consagrados y a rendirle nuestra acción de gracias.

La Eucaristía hay que verla desde dos dimensiones: La celebración de la Santa Misa y su prolongación, con la reserva del Pan eucarístico en los sagrarios y la adoración consiguiente que hace la Iglesia a ella.

Esta fiesta viene a ser como un corolario de las fiestas pascuales celebradas durante cincuenta días. La Pascua no es un nuevo recuerdo de cosas que ya pasaron, gracias precisamente a la eucaristía. La Pascua es un continuo presente. Gracias a la eucaristía el “pan de vida”, se multiplica todos los días en nuestros templos.

Esto, por el ministerio de los sacerdotes que hacen presente a Jesucristo de acuerdo al mandato de El: “Hagan esto en memoria mía”. Así se renueva la ofrenda de la cruz, se actualiza el misterio de la redención y nos llenamos de las riquezas del Espíritu.

La Eucaristía se ha convertido en el pan de vida para débiles y fuertes en sus dos vertientes: sacrificio y comunión, ambas debemos mejorar con motivo de esta fiesta del Corpus.

El seguimiento de Cristo nos exige cada día asumir nuestra propia cruz, siendo fieles a su palabra, a sus mandamientos. Todos somos débiles, pecadores. La eucaristía es el pan de los débiles. Los que se sienten fuertes en la fe, creen no tener necesidad de alimentarse con el pan de la eucaristía. Ella está dada para todos los que sentimos el peso de la propia debilidad, para todo el que quiera seguir a Cristo, hasta las últimas consecuencias.

También la Eucaristía es para los fuertes; ella nos hace sentir una nueva fortaleza. Sin Cristo nadie puede perseverar en el bien, pues “sin mi no pueden hacer nada”. El prescindir de la comunión, viene a ser como pretender llevar una vida muy activa, de esfuerzos continuos, de grandes trabajos, con poca alimentación. La eucaristía es una fuente inagotable de energía espiritual.

“Tomen y coman”, son las palabras de Cristo al instituir la Eucaristía. Estas palabras tienen un alcance de orden, de mandamiento a los discípulos de entonces y también a los de hoy, a los cristianos. La Eucaristía no es una opción libre para el cristiano. Habría que decir que formalmente no es una imposición, una obligación, pues es un regalo, pero para los que aman a Jesús no pueden desoír semejante invitación. Habría que pensar y reflexionar mucho acerca de la inapetencia de la eucaristía. Para no comulgar hay que tener razones. Sin duda, el pecado grave, impide recibir la comunión, teniendo en cuenta la advertencia de Pablo: “si alguien come el pan y bebe de la sangre del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor” (1 Cor 11,27).

Les convoco, hermanas y hermanos, a ser partícipes en nuestras celebraciones públicas con motivo de nuestra fiesta del Corpus. A dejar de lado  nuestros respetos humanos, testimoniando la fe públicamente en la presencia de Jesucristo en el pan consagrado. A darle sentido profundo a esta expresión: “¡Este es el Sacramento de nuestra fe!”.

Que Cristo Eucaristía dé a todos el tono de comunión con Él, tanto en las celebraciones de la Misa, como en la adoración ante el Santísimo expuesto o guardado en nuestros sagrarios.


Jesús Pérez Rodríguez O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

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