Asamblea CEB: Saludo del Nuncio Apostólico en Bolivia
 

Venerables Padres y Hermanos,
Queridos hermanos en Cristo,

Ante de todo quiero transmitirle Emmo. Cardenal Presidente la cercanía y el especial saludo que el Santo Padre Benedicto XVI me ha encomendado presentarle. Renuevo con alegria a S.E. Mons. Edmundo Abastoflor Montero las felicitaciones del Papa Benedicto XVI en el XXV Aniversario de Ordenación Episcopal. Presento por primera vez en una sesión de la CEB mis cordiales deseos al Vicepresidente de la CEB, S.E. Mons. Jesús Pérez Rodríguez  y al Secretario General de la CEB, S.E. Mons. Oscar Aparicio Céspedes.

Extiendo a Sus Excelencias vivo agradecimiento por su cortés invitación y por el fraternal afecto que me confirman acogiéndome con cariño en estos días así como lo han hecho en estos meses en diferentes sus diócesis.

Ustedes se encuentran para continuar en la “collecta fraternitatis” la obra de discernimiento y dirección por la Iglesia de Bolivia, en el espíritu de las palabras del Santo Padre Benedicto XVI “en onda con el Señor” . Es decir, en comunión con los cristianos que celebraran la Semana de Oración por la Unidad en el centenario de la Conferencia de Edimburgo (Escocia, 13-24 de junio de 1910), que ha contribuido a difundir la oración, el deseo y el discernimiento del ecumenismo .

    Este año la Jornada del diálogo católico-hebraico ha coincidido con la visita del Papa a la Sinagoga de Roma, que ha confirmado que el diálogo es el único camino para toda la humanidad.

El muro destruido por el Siervo de Dios Juan Pablo II es ahora un puente, y la emoción del primer encuentro se ha desarrollado en sólidas reflexiones para encontrar en la Biblia el “fundamento más sólido y perenne” y para recordar que el Decálogo es el “faro” y “el gran código ético para toda la humanidad” . Nos reconocemos en el conmovedor homenaje del Papa a los sobrevivientes de la Shoah, y deseamos, con la acción educativa de la Iglesia, contribuir al irrenunciable clima de respeto y de amistad que, venciendo toda huella de odio, extinga todo foco de división.

    La Conferencia Episcopal encabezada por el Emmo. Cardenal Julio Terrazas Sandoval ha expresado solidaridad por Haití y por Chile para responder al deber ante todo de fraternidad y de generosidad hacia dos países también ellos católicos, cuyas tragedias nos han dejado sin aliento.

    Las ricas y profundas señales y de liturgias de la Cuaresma y de la Semana Santa, han expresado la fuerte adhesión de Bolivia a Dios “que en Jesucristo ha manifestado en modo completo y definitivo su voluntad de estar con el hombre y con su historia” .  Dios viene a nuestro encuentro como “el Dios, del cual no nos separa ninguna barrera, ni alejamiento”, que “viene sin armas, sin fuerza, porque no entiende conquistar, por así decir, desde fuera, sino que entiende más bien ser acogido por el hombre en la libertad”.  En Jesús “Dios asumió esta condición pobre y desarmadora para vencer con el amor y conducirnos a nuestra verdadera identidad… de Hijos de Dios” .

Como he leído en las homilías de la Semana Santa y de Pascua de muchos de Ustedes, aquí está el centro de la fe, y su fuerza también sobre el hombre contemporáneo que como nunca necesita puntos de fuerza sobre los cuales hacer palanca para alcanzar la imagen auténtica de Dios, más allá de los sincretismos y de las manumisiones.

    “Dios quiere ir poniendo focos de luz concretos, para dar luego claridad hasta el horizonte […] difundiéndose después en círculos concéntricos, casi por contacto, en los corazones y en las mentes de los que, abriéndose libremente a su resplandor, se convierten a su vez en fuentes de luz” . Está aquí la imagen de la Iglesia de Bolivia, y se explica el atractivo que las parroquias - Iglesia entre la gente - ejercen in crescendo en cada Semana Santa, como he constatado en El Alto, en La Paz y en Santa Cruz y como han confirmado los medios de comunicación social, informando desde varias ciudades de Bolivia.
En la meditación de la Pascua nos ha ayudado el Papa Benedicto XVI con sus homilías y su “catequesis”, y quedamos admirados por el arte que tiene, que es escuela de alta y extraordinaria evangelización.

    “Dios tiene la máxima prioridad. Así, pues, si algo en nuestra vida merece premura sin tardanza, es solamente la causa de Dios” , porque todo confirma que el hombre de hoy es mendigo de Dios: debemos entonces “preocuparnos para que él acepte la cuestión de Dios y la nostalgia que en ella se esconde” . Por eso el compromiso de la Misión Permanente busca hacer de tal manera que nuestros contemporáneos “acepten” la presencia de Dios, reconozcan su importancia existencial, y den cuenta de ello sin complejos o temores.

    Estamos llamados a rechazar las intimidaciones del secularismo, a interpretar la fe como un hecho privado, o peor aún, a considerarla casi como una debilidad de la inteligencia. Existe una cultura difundida que, convalidada por el aparato publicitario y un obsesivo dinamismo de interacciones, busca el desapego, la subvaloración, hasta menospreciar el fenómeno religioso. Es la penumbra de la cual nos habla el Santo Padre, “penumbra que hace precaria y temerosa para el hombre de nuestro tiempo, la apertura hacia Dios, si bien, Él nunca se cansa de tocar a nuestra puerta” .

    La catequesis desde siglos se ha difundido en Bolivia, pero cada generación debe sentir pulsar como nuevo este compromiso.

Por eso – ha subrayado el Papa – “también las personas que se declaran agnósticas o ateas, deben permanecer en nuestros corazones como creyentes” … “la Iglesia debería también hoy abrir una clase de patio de los gentiles, donde los hombres puedan de alguna manera engancharse a Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, al servicio del cual está la vida interna de la Iglesia” (ib).

Es un impulso precioso para la Misión Continental, para encontrar estilos nuevos de atención hacia las personas que no creen. Es necesario que ellas se sientan respetuosamente consideradas: «Conocen a Dios, por así decir, solamente que de lejos; están insatisfechas con sus divinidades, ritos, mitos; quieren al Puro y al Grande, aunque si Dios permanece para ellos como el “Dios desconocido”» (ib).

    En la Misión Permanente estamos llamados a una ulterior creatividad pastoral y ninguno debe sentirse como espantado por nuestra concreta atención, pero tampoco debe sentirse ignorado, debemos ofrecer contribuciones preciosas para orientar el movimiento de la cultura hacia una dirección abierta a las plenas dimensiones de la inteligencia y de la libertad. Sobre esta pendiente se afirma el sector, siempre más dinámico, de la pastoral de las peregrinaciones, donde a menudo hay la posibilidad de encontrar interlocutores nuevos, que son interpelados en mérito a “horizontes que hacen reflexionar sobre la limitación de la propia existencia y sobre la inmensidad que el ser humano tiene dentro de sí” .


    Venerados Padres y Hermanos:   

El Santo Padre en el discurso a la Curia Romana, al final del año pasado,  ha dedicado un significativo capítulo a la reconciliación sugerido por el tema y por los trabajos del Sínodo sobre África. Su reflexión no estaba limitada, sin embargo, a aquel continente, porque la reconciliación es tarea de toda la Iglesia, como catequesis al mundo, para que conozca el estilo de reconciliarse y sus gestos eficaces. A partir del sacramento de la Reconciliación: “el hecho de que eso, en gran parte, ya ha desaparecido de las costumbres existenciales de los cristianos pone en riesgo y en peligro nuestra humanidad y nuestra capacidad de paz”. La invitación a desarmar los ánimos, nos invita a continuar dando nuestra contribución como creyentes en el compromiso de la reconciliación de las almas, que es condición irrenunciable para una cohesión efectiva de toda comunidad.

La “reconciliación es un concepto pre-político – ha dicho el Papa Benedicto XVI – y una realidad pre-política, que justamente por esto es de máxima importancia para la tarea de la misma política. Si no se crea en los corazones la fuerza de la reconciliación, falta al compromiso político por la paz y el presupuesto interior” (ib).

    Esta sesión confirma vuestro concorde deseo de ofrecer a la Iglesia y al País su contribución colegial como Pastores que aman a esta extraordinaria Bolivia.  El Papa Benedicto XVI al final del año pasado deseaba a todos los pueblos “amor recíproco y recíproca compresión, a fin de que en el interior de cada familia y de cada nación se viva aquel clima de entendimiento y de comunión tan necesario para el bien común” (Saludo en el Ángelus, 26 de diciembre de 2009).

    Mucho se ha discutido, en el último periodo, sobre el clima y el ambiente. Una clave de lectura profunda y preciosa de los problemas ha sido el Mensaje para la 43ª Jornada Mundial de la Paz, del 1º de enero de 2010, sobre el tema: “Si quieres promover la paz, protege la creación”. Es crucial la afirmación del Sumo Pontífice de que la crisis ecológica no puede avaluarse por separado de las cuestiones del desarrollo y de la visión del hombre y de sus relaciones (ib).

    Se confirman así dos principios de la Doctrina Social de la Iglesia: la conciencia del condicionamiento recíproco entre las opciones que asumir en la sociedad y aquellas relativas a los estilos de vida de las personas, de la familia y de las comunidades locales; y la conciencia sobre la conexión entre la contaminación atmosférica y la contaminación “menos perceptible a los sentidos, pero muy peligrosa” es decir, la contaminación del espíritu. De aquí el principio de que “cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia” .

El tema de una ciudadanía madura y consciente, ayuda a volver a tomar el hilo del discurso sobre el compromiso educativo. “¿A qué cosa educar?”: debe ser la conciencia del hecho, de que, si tiene algo positivo para transmitir no se puede nunca prescindir de Dios, ni se le puede confinar al ámbito individual: Dios es el fundamento último de todos los valores sobre los cuales la educación se basa: el amor, la verdad y la libertad.

    No es entonces una arbitrariedad aquí la referencia al Año Sacerdotal que va concluyéndose. Obispos y Sacerdotes estamos en primera línea en predicar sobre la verdad del Dios del Amor, y debemos también manifestar que la santidad y belleza del don del Ministerio Sacerdotal se funda exclusivamente en esta sobrenatural vivencia de Amor.

    La Iglesia obra a fin de que los valores que constituyen el fundamento de la persona y de la sociedad – la vida humana, la familia fundada en el matrimonio, la responsabilidad educativa, la solidaridad, la dignidad del trabajo, la comunidad civil; la tutela de la creación – sean reconocidos, protegidos y fortalecidos. Porque la realidad social es hoy, según el criterio de la Iglesia, “radicalmente antropológica y la realidad social necesita de la antropología del Dios que se ha hecho hombre” .

    Muchas gracias.

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