Homilía: Preparar en el corazón el camino del Señor
 

Homilía del Cardenal Julio Terrazas de este domingo 6 de diciembre jornada electoral en Bolivia.

Buenos días, queridos hermanos y hermanas: Comienza una jornada en la que se escribirá una nueva página de nuestra historia. Qué bien que viene la palabra del Señor para que podamos escucharla y meditarla; porque nuestras leyes son muy generosas, nos han dado dos días para reflexionar, pero con algunas cosas intercaladas que han impedido buscar con serenidad cuál es la voluntad del Señor en estos momentos.
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El profeta Baruc va hablar a un pueblo que tiene problemas, que vive dificultades, que está todavía sometido por fuerzas externas, amenazado por los ídolos, pero Baruc le va dar esperanzas, que es siempre el estilo y la manera de actuar de nuestro Dios, jamás para hundir, siempre para crear y recrear nuevas esperanzas que permitan al pueblo caminar hacia el encuentro definitivo con el Padre.

 

Quitarse la ropa de luto y de dolor y revestirse  de esperanza

 

“Jerusalén, quítate tu ropa de luto y de aflicción, vístete de la gala y el esplendor que Dios te da. Esta es la primera invitación a su pueblo, a quitarse todo lo que sea dolor o sufrimiento, opresión o represión, a vestirse de la gala de Dios, del Dios que te da vida y te da dignidad, cúbrete con manto de justicia y ponte en la cabeza la gloria del eterno” Palabras por demás consoladoras para el pueblo de Israel, palabras que llegan en el momento oportuno, para decirle no todo está terminado, no todo se acabó, es importante dejar lo antiguo, lo viejo, lo que está lleno de dolor y sufrimiento y revestirnos esas vestimentas de vida, de justicia y de paz. Dios mostrará en toda la tierra tu esplendor y todos te llamarán PAZ EN LA JUSTICIA, en la misma línea del domingo pasado. Cuando algo tiene que cambiar tiene que notarse también en la vida social y eso que esperamos todos en la vida social es PAZ, ES JUSTICIA,  pero unidas la paz con la justicia y la justicia con la paz, ese es el nuevo nombre que Dios le da a Jerusalén después de haberla reunido, de haberla traído otra vez al centro donde puede comunicarse con su Dios, y luego, levántate, Jerusalén, colócate en un lugar alto, mira hacia un lado y hacia otro y verás que vienen multitudes de oriente y occidente a la búsqueda del Señor de la vida, al encuentro del Dios de la libertad, por eso es que Dios ha ordenado que se aplanen los cerros altos, las colinas, que se rellenen los valles, que todo quede bien para que el pueblo elegido encuentre el sendero más recto que lo lleve hacia Dios.

 

Ese es el primer mensaje que nos da el profeta Baruc en este día, mensaje para el país, por supuesto, levantar la cabeza y mirar con esperanza, saber que Dios ha prometido actuar y que sigue caminando con nosotros, saber que este Dios está preocupado por las situaciones de dolor, de sufrimiento, de muerte que puede haber en uno o en otro lugar y nos anima a que levantemos la cabeza, a que nos despojemos de lo antiguo, de lo viejo, de lo pecaminoso, de lo que nos ha impedido caminar como pueblo libre, como pueblo que busca su auténtica salvación. Tenemos que prepararnos para que también esta jornada la vivamos en esta dimensión; Dios, nuestro liberador va llegar, es a Dios a quien tenemos que abrirle el corazón, a quien tenemos que confesarle en este día, no sólo en beneficio de unos o de unos grupos, sino en beneficio de todos nuestros hermanos y hermanas.

 

Preparen el camino, el camino del Señor

 

En el Evangelio es el mismo estilo, es el evangelista Lucas que nos describe la situación social en ese momento de la llegada del Señor, nos habla de quién es el César, quiénes son los gobernadores, quienes son los virreyes; un lugar concreto y una época concreta llena de problemas y disensiones en la que Cristo va hacer su ingreso para liberarnos y en medio de todo eso la palabra de Dios vino a Juan, la palabra se hizo visible, la palabra se encarnó en Juan, la palabra de Dios se constituyó en un nuevo acontecimiento para que el pueblo sencillo sepa que Dios no lo ha olvidado y Juan comienza a llevar esta palabra por todas las comunidades predicando un bautismo de conversión. La primera exigencia es la conversión, lo pidió Baruc a su pueblo: Sáquense lo viejo, hoy también Juan nos recuerda ese proceso de parte de nuestro Dios: Ningún adorno superficial, hay que cambiar lo profundo del espíritu, para que realmente las cosas del espíritu de nuestro Dios entren a tener un espacio en nuestros corazones y en nuestros labios.

 

Voz del que clama en el desierto, eso era Juan, una voz que clama en el desierto, una voz que no es escuchada fácilmente, una voz que es desoída arbitrariamente. Sabemos cómo terminó Juan dando testimonio de la palabra, pero esa palabra era clara: Preparen el camino, el camino del Señor, no solamente el camino de unos cuantos, el camino del Señor que está con su pueblo; hagan rectas las sendas, que los barrancos sean rellenados, que los cerros y colinas sean rebajados, que lo torcido quede recto y lo áspero se haga llano. Es una exigencia, Dios viene, pero nos exige preparar los caminos para ese encuentro con El y eso supone prepararnos, y eso no se hace con cien o doscientos tractores para arreglar los caminos superficialmente, se hace reconociendo primero que muchas montañas de odio, muchos valles de envenenamiento espiritual están dentro de nosotros, de nuestra sociedad, dentro de nuestro propio pueblo, hay que rellenar, hay que sacar lo malo, hay que enderezar lo torcido de nuestras vidas, de la vida de nuestra sociedad, de la vida de nuestro pueblo. Ahí está la exigencia, la verdadera exigencia que nos coloca ya cerca de la navidad. Podemos recibir al Señor con cánticos y luces, pero si las montañas del odio, si los valles del rencor, si las colinas no han sido aplastadas o allanadas, humilladas, si todavía la soberbia domina nuestro corazón, si todavía el creernos mejores que Dios está todavía dentro de nosotros, es importante ponernos a disposición de la palabra, esa palabra que cambia, que transforma, que llena de gozo porque toda la humanidad verá la salvación de Dios.

 

Mensaje que en este domingo tenemos que escucharlo con mayor atención, pese a las múltiples distracciones que podamos tener durante toda esta jornada.

 

El espíritu de la fiesta de la Virgen de Cotoca, ir al encuentro de Dios y del hermano

 

Vale también para la situación de nuestro pueblo, pero vale también para quienes como católicos nos aprestamos a celebrar la fiesta de la Virgen de Cotoca, para nosotros, pasado mañana, el martes o desde el lunes ya tendremos la oportunidad de ir repitiendo, pero con énfasis, con alegría y con optimismo: “Con María, nuestra Madre, vamos al encuentro del otro”. Hay que resarcir las heridas, hay que tapar esas tapar esas huellas de odio, hay que quitar todo aquello que nos separa; aprendamos de María como lo hemos meditado el domingo pasado, la forma, la manera de ir al encuentro del otro, yo creo que los resultados de esta tarde podrán ser vistos de otra manera con tranquilidad, con paz y justicia si es que adquirimos el modo y la manera de actuar de nuestra madre la Virgen María. Eso es prepararse a la Navidad, no teóricamente, sino en un momento histórico, en un tiempo histórico en el que se nos pide más que palabras nuevas y auténticas acciones del Dios de la vida, del Dios de la paz y del Dios de la justicia.

 

Sin duda también es una iluminación para las próximas fiestas de navidad: la estamos dejando manosear demasiado por un estilo pagano de celebrar cosas religiosas. A los cristianos tiene que revelarse el alma en nosotros para que podamos decir No a la ostentación, no a lo superficial, no a la bulla, no al entretenimiento inútil, pasajero, que sigue degradando el alma de nuestro pueblo. Que la navidad sea un espacio de paz, de justicia, de compromisos renovados y no sólo de saludos ya demasiado repetitivos y de cánticos y maneras de festejar como si no tuviéramos al Dios verdadero.

 

Hermanos y hermanas, que el acontecimiento de hoy, el acontecimiento de la palabra de Dios en Juan, el acontecimiento de  la presencia de la Virgen en nuestro pueblo nos ayuden a tomarnos un minuto de reflexión. Si hemos desaprovechado ya dos días, que podamos al menos un minuto, un segundo, allí en el momento de depositar nuestro voto para pensar con libertad de espíritu y con responsabilidad qué es lo que significa dar un voto para tener un país lleno de paz y de justicia, un país que vuelva a llamarse esa patria donde todos y cada uno nos volvamos a encontrar. Que el Señor ilumine a nuestro pueblo, a toda Bolivia y que la Virgen de Cotoca encamine nuestros pasos en toda nuestra Arquidiócesis de Santa Cruz. AMEN!

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