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Saludo del Cardenal Julio Terrazas a la LXXXVIII Asamblea de Obispos
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Saludo del Cardenal Julio Terrazas Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana Apreciados hermanos Obispos, distinguidos representantes de la Conferencia Boliviana del Clero Diocesano, de la Conferencia Boliviana de Religiosos, del Consejo Nacional de Laicos y de los abnegados sacerdotes que conforman el Equipo Formador de nuestro Seminario Nacional San José. “Aquí está el Señor en quien confiamos ser salvados” (Is. 25,10), palabras del profeta Isaías que nos colocan privilegiadamente en la perspectiva del Adviento y que dan a esta segunda Asamblea del 2009 un horizonte de esperanza. Es el tiempo del encuentro de la paz y la justicia. Que estos días se conviertan en un testimonio concreto para todo el pueblo de Dios y para nuestra patria tan necesitada de auténticas esperanzas. Me permito recordar siempre con afecto a los hermanos Obispos eméritos presentes y ausentes por motivos de salud. En especial requiere nuestra más cercana oración, Mons. Leonardo Bernacchi, por su salud quebrantada para que el Dios de la vida le conceda fortaleza espiritual. También les pido su oración por la mamá del Sr. Arzobispo de Cochabamba Mons. Tito Solari. Él se encuentra a su lado acompañándola en el lecho de dolor. Este es el momento para dar una cordial bienvenida a Mons. Simón Bolívar Sánchez, encargado de negocios a.i. de la Nunciatura Apostólica en Bolivia. Es la primera vez que participa de nuestra asamblea general. Le deseo una proficua labor en esta tierra y una prolongada presencia entre nosotros. No dudo que nos hará el gran regalo de expresarle al Santo Padre Benedicto XVI el caluroso saludo de los Obispos y del pueblo de Dios en Bolivia. Asimismo le pido encarecidamente transmitir los recuerdos fraternos al Sr. Nuncio, Mons. Giambattista Diquattro, quien goza de un tiempo de merecido descanso. Mons. Francisco Focardi, que ha iniciado hace poco su servicio pastoral en el Vicariato Apostólico de Camiri, sea bienvenido y le deseamos que su labor sea “ad multos annos” y que goce de buena salud. Como ya es habitual, pero sobre todo con motivo de los 50 años de Hermandad con Tréveris y Hildesheim, enviamos nuestra palabra de afecto y gratitud a los pastores de aquellas Iglesias y a ambas comunidades eclesiales. A ustedes representantes de los sectores del Pueblo de Dios y formadores de nuestros seminarios les agradezco no sólo por su presencia, sino, por compartir los desafíos pastorales que hoy tenemos como Iglesia, por el fervor y entusiasmo con que han recibido el compromiso de la Misión Permanente. Particularmente exhorto a los sacerdotes a seguir con ardor el camino de renovación de su vida ministerial, en este año especialmente dedicado a la santificación de nuestros presbíteros y a despertar por ellos, el afecto generoso de todo nuestro pueblo y de los grupos apostólicos. Como en todas y cada una de nuestras asambleas, el trabajo será intenso y desafiante: todo debe contribuir al caminar de los discípulos y misioneros. Esto vale sobre todo, al término de una gestión trienal de las autoridades de nuestra Conferencia Episcopal. Es la ocasión en la que se reflexiona, se evalúa y se remozan los compromisos. Todo en el ambiente de oración y espera que nos pide el Adviento. Felizmente nuestra Conferencia no puede permitirse el lujo de quedarse aferrada sobre algunos aspectos y preocupaciones reiterativos. Es mucho lo que se vislumbra en el horizonte social y eclesial, y todo ello nos invita a “vigilar y orar”. Sin duda que la realidad que se vive en Bolivia nos llevará a renovar el constante llamado a la construcción de la paz, frente al clima imperante de violencia, inseguridad ciudadana, corrupción y narcotráfico. Lo que vemos y oímos podría ser algo más alentador si gobernantes y gobernados buscáramos juntos y con claridad acciones que dignifiquen la imagen del país. Esta y otras realidades que experimentamos nos invitan a mirarlas con los ojos de la fe, agradecidos, porque nos toca ser artífices de estos tiempos. Como nos pide Aparecida “veamos la realidad que nos circunda a la Luz de la providencia de Dios; juzguémosla según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento Universal de Salvación” (Ap.19). Una de las tareas más importantes que nos espera, es la culminación del proceso de reestructuración de los organismos de servicio de nuestra Conferencia Episcopal. Fue un sueño acariciado desde hace largo tiempo, iniciado ya en la gestión anterior y decidido en asamblea desde hace un año. Lo que ahora nos toca es avanzar en su ejecución. No han faltado las pruebas propias de semejante cometido. Por eso es bueno agradecer a todos cuantos han asumido que este paso era ya ineludible. Gracias por la comprensión y por el espíritu eclesial que esto conlleva. Unas estructuras nuevas pedirán necesariamente capacidad y esfuerzo de parte de los nuevos responsables. Será labor nuestra y fruto de un detenido discernimiento, la elección de quienes estarán al frente de estas nuevas estructuras. En esta responsabilidad nos dejaremos guiar por la palabra del Evangelio, y así nos gustaría que se hiciera realidad en cuantos anhelan convertirse en servidores de la sociedad: “Saben que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre ustedes, sino, que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será esclavos de todos” (Mc 10, 42-44). Estas palabras del Maestro, las debemos meditar y apreciar en el contexto actual que vive el país, casi al finalizar el proceso electoral, como ya lo dijimos en nuestro mensaje de septiembre pasado: “Por una campaña electoral democrática y pacífica”. En el corazón y la mente de todos, hay inquietud y esperanza. Si cada votante delante del ánfora, se internara en el “santuario inviolable” de la conciencia, miraría con responsabilidad la Bolivia que hoy, más que nunca, clama recrearla en profundidad, unidad y libertad. Desde luego, una palabra orientadora de esta Conferencia será un gran servicio a quienes nos escuchen y que ha de devolver el gozo de sentirse participes del afianzamiento democrático. Ni duda cabe que los valores del Evangelio y las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia tienen hoy plena vigencia. Invito a todos los fieles, en especial a la vida contemplativa, a que eleven sus oraciones para que en este evento tan decisivo, se imponga la transparencia y el cumplimiento de las normas electorales. Esto garantizaría el nacer de una Bolivia sin las repeticiones frustrantes del pasado. Que el Espíritu de la Verdad y la Vida nos acompañe en los trabajos de la Asamblea y podamos responder con generosidad y sencillez a lo que el Señor nos pide, para que nuestra Iglesia sea signo transparente del Reino de Dios. Iniciemos nuestras labores bajo la protección de María de Nazareth, la Virgen del Adviento. Cochabamba, 20 de noviembre de 2009. Cardenal Julio Terrazas Sandoval, CssR, Arzobispo de Santa Cruz, Presidente de la CEB. Leido 378 Veces |
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