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Cardenal Terrazas llama a ser seguidores de Cristo
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Queridos hermanos y hermanas: Con el lema del día del catequista en toda Bolivia queremos saludar a todos los que colaboran en la Iglesia con este ministerio en todos los rincones del país. El catequista testigo de la esperanza, algo que viene ser un recuerdo para todos los bautizados, algo que tiene que ser un recuerdo entrañable para quienes han consagrado su vida a Dios definitivamente como los sacerdotes por ejemplo. Por eso esta eucaristía en nuestra Iglesia quiere llegar de corazón a corazón a todas las otras hermanas Iglesias para decirle que queremos fomentar, aumentar, cultivar constantemente esa virtud que es la esperanza, la esperanza de los tiempos buenos, la esperanza de todo aquello que el Señor ha prometido a su pueblo, la esperanza que se va a realizar todo lo que El Señor Jesús ha hecho con su venida a la tierra, son su muerte y con su resurrección. Gracias a los hermanos Catequistas y a los nuevos sacerdotes que concelebran conmigo, gracias por darnos una vez más la oportunidad de escuchar esa palabra definitiva, esa palabra clarificadora del Señor, esa palabra que ya no admite tergiversaciones porque nos está hablando de que empieza a cumplirse en Cristo todo el proyecto de Dios, comienza a realizarse todo aquello que el Padre ha querido en su infinita bondad, pensar, actuar y decirnos desde muchísimo tiempo antes: “En Cristo empieza la nueva vida” en Cristo empieza la nueva historia. Una nueva vida y una nueva historia que supone que hay que destruir a quien se opone a la vida de Dios en nosotros. En el momento de mayor prueba, se salvarán los de tu pueblo “En el momento aquél”, nos dice el apocalipsis, “apareció Miguel el gran Ángel protector que defiende a tu pueblo”. Son palabras que van referidas por Daniel a Dios, Miguel el ángel protector que defiende a tu pueblo, de eso se trata ya en aquella visión del apocalipsis, de eso se trata el acontecer también entre nosotros, es un Dios que ama a su Pueblo, es un Dios que envía al ángel para que el proteja a su pueblo. Somos el pueblo de Dios en medio de los problemas y las dificultades, el pueblo de Dios tiene la esperanza de que la destrucción y la muerte no lo va vencer jamás. “Cuando llegue ese momento se salvarán todos los de tu pueblo”, momento de prueba, momento en que el sol deja de alumbrar, momento en que la luna ya no brilla, en que las estrellas y columnas del cielo se estremecen, en ese momento se salvarán todos los de tu pueblo, todos aquellos que tienen su nombre escrito en el libro. Ahí viene la esperanza para le Cristiano, se salvarán en medio de todas las cabalidades, de todas las transformaciones violentas saldremos airosos, si es que nuestro nombre ya está escrito en el libro. En otra parte del apocalipsis dirá, en el libro de la vida allí el Señor escribe el nombre de sus elegidos, los nombres de sus seguidores, el nombre de cada uno, hombre o mujer que quiera cumplir y hacer la voluntad de Dios. Y vendrá ese espectáculo, se levantarán los muertos, dejarán de dormir dice, los buenos para la felicidad, los malos para su condenación. Y en medio de esos que se van a salvar ¿Quiénes están? Los hombres sabios, los que guían a muchos por el camino recto, este es el papel de todo Cristiano, pero esta es la misión especial que tienen todos nuestros catequistas y nuestros sacerdotes; son los sabios con la sabiduría de Dios que van a seguir guiando al pueblo, que van a seguir orientándolo, que van a seguir acompañándolo. Ahí está la raíz de este ministerio. Los sabios que guían a muchos por el camino recto: Sacerdotes y Catequistas Todos los sabios que guían a muchos por el camino recto, hoy que hay tantos caminos, unos más chuecos que otros, hoy que hay tantas ofertas que no llegan al corazón y que solamente pretenden algunas adhesiones pasajeras., hoy que la con función va por todos lados que hermosos es sentir está palabra de Señor, que hay gente que guía a los otros por el camino recto, ellos van a brillar con el fulgor del firmamento. Y los que enseñan a muchos las justicias, los que guían por el camino recto y los que enseñan a muchos la justicia, esa justicia de Dios que siempre penetra en el corazón, para cambiarlo, convertirlo y hacerlo semejante a su propio corazón, esa justicia de Dios que sobre pasa toda medida humana, que va mucho más allá que las leyes más buenas, es la justicia de Dios la que nos da la certeza y la esperanza de que todo lo malo, lo injusto, lo perverso no tendrá la última palabra. Es esta la forma y manera de actuar de nuestro Dios: Algo definitivo, algo que no es repetición de lo anterior. Y en la carta a los hebreos aparece también algo que debe llenarnos de gozo y alegría a quienes creemos y a quienes hemos elegido el camino del sacerdocio y el ministerio de la catequesis: Es Cristo que borra el pecado para siempre. Ya no repite sacrificios, ya no tiene que andar ofreciendo animales aquí y allá, sacrificando ovejas o cualquier otro animal; El entró, entregó su vida, se sentó a la derecha del Padre y allí definitivamente destruyó la muerte y el pecado y no necesitamos más otra clase de sacrificio, sino tratar de hacer presente al Señor en nuestros altares, sobre todo cuando la comunidad se reúne el día domingo. Esta es la misión privilegiada de los sacerdotes, hacer que esa entrega de Cristo sea palpable, sea cercana, esté al alcance de todos, que nos sintamos realmente redimidos, que no nos dejemos aplastar ni por la muerte ni por aquellos signos de muerte que vamos encontrando constantemente en uno y otro lugar. El Señor le gusta que sus discípulos comprenden y capten que seguirlo a El no es para repetir cosas aprendidas de memoria del pasado, no es para conquistarlo con pequeñas cosas, es para saber que en El ya está realizada toda la vida que nos espera, pero tenemos nosotros que hacer el esfuerzo para que otros no nos aparten de este camino. En aquél día, después de la tremenda prueba… Así comienza el Señor el último mensaje de este año litúrgico. “Después de la tremenda prueba” y aquí vuelve a recordarles lo que va acontecer: “Se oscurecerá el sol, se apagará la luna, dejarán de brillar las estrellas y entonces se verá al Hijo del Hombre entre las nubes, El enviará a los Angeles para que reúnan absolutamente a todos, de un extremo al otro de la tierra”. El peligro es quedarse en esto, y lastimosamente muchos nos quedamos en esto, estamos esperando que deje de alumbrar el sol para decir: Se acabó el mundo, estamos esperando que deje de alumbrar la luna para decir: Ya llegó la desgracia. El Señor no quiere asustarnos, no ha venido para eso, El viene a decirnos todo esto puede acontecer, pero ustedes comprendan bien que no entran en esta destrucción, que por ser de mi pueblo y haberme seguido, tienen que tener la esperanza de que Dios va cumplir su promesa de darnos felicidad, no de aniquilarnos porque nunca ha hecho esa promesa el Señor. El Señor no quiere mensajes que asustan, sino los que levantan la esperanza Entiendan, entiéndanlo de una vez, dice el Señor, ustedes, cuando ven que las ramas de la higuera comienzan a brotar saben que ya llega el verano, que ya hay una vida, saben que el Señor va cumpliendo, si ya apenas van brotando las hojitas, ya podemos vislumbrar qué va haber después como fruto, como vida para tanta gente; así también se va cumpliendo el proyecto de Dios. Siempre podemos y tenemos la oportunidad de descubrir esos brotes de esperanza en medio de los problemas y dificultades. Dificultades y problemas los hay muchos, el sol, a lo mejor no se oscurece, pero se oscurecen las conciencias, dejan de alumbrar la dignidad humana, se oscurece el sentido de la vida, se mata sin problema ni dificultad, sea física o moralmente o también verbalmente y nos acostumbramos a esta masacre constante en que vivimos y permitimos que la oscuridad siga molestando e impida ver la luz. Oscurecimientos hay muchos, pero en medio de todo eso a nosotros bautizados, a nosotros catequistas, a nosotros sacerdotes, consagrados, consagradas, a todos nos corresponde ver dónde hay brotes de esperanza, para tener la certeza de que eso va llegar a ser el fruto que el Señor desea que tengamos para nuestra vida. En nuestra Iglesia en Bolivia podemos ver esos frutos, la presencia de ustedes, hermanos y hermanas catequistas en esta catedral, son la expresión de miles y miles de hermanos catequistas que están trabajando a lo largo y ancho de Bolivia, son la certeza de que al pueblo de Dios no le va faltar el pan de la vida, de la verdad, de la justicia, ustedes hacer poco han dicho: Nada ni nadie nos puede separar del amor de Cristo, pues ese es el fin que debemos perseguir: Nada ni nadie nos puede separar del amor de Cristo y esto lo tienen que recordar también nuestros sacerdotes, también ellos tienen que partir de esta constatación, de esta certeza de nuestra fe. Adelante, pues, para animar al pueblo de Dios, animarlo por los caminos rectos, animarlos a practicar la justicia y animarlos también a que sepan que en esa práctica de justicia, de rectitud vendrá la auténtica y definitiva libertad que todos queremos, no esas libertades que nos dan a cuentagotas y que no valen sino por ciertos tiempos y para ciertos fines. La misión permanente del Sacerdote, el cristiano y el catequista Signos de vida en nuestra Iglesia, el gran deseo de seguir colaborando, de seguir trabajando, de seguir poniendo el hombro en la construcción de un país que tiene que ser para todos, de un país donde los valores del reino se los sienta, se los palpe, se los viva con esa misma generosidad con que lo ha hecho el Señor. En ese espíritu hemos rezado la primera oración, que le agradecemos a Dios porque nos ha dado la alegría, porque en servirte a ti encontramos la fuente de nuestra alegría, no es en otra cosa, no es para que nos aplaudan, no es para que nos digan “qué bueno que son”, no! En servir al Señor y descubrirlo en el hermano y decirle la palabra del Señor y levantarlo si está caído y anunciarle siempre buenas noticias para que pueda sacudirse por sí mismo y comenzar a caminar por cuenta propia. Las próximas elecciones Algo que nos hace pensar que puede crecer la esperanza es este deseo manifestado ya en estos días, diré yo para ser bueno, con mucho entusiasmo, veo que corren detrás de uno, detrás de otro. Muchos vivas, pero a veces, más abajos; muchos aplausos, pero a veces muchos insultos. En medio de todo eso nosotros cristianos, creyentes, tenemos que saber que ninguna palabra suplanta la palabra de Dios, que ninguna palabra tiene que llegar a nuestra conciencia oscureciéndola más, absolutamente nada que hagamos con entusiasmo puede hacernos olvidar que hemos nacido para cosas mucho más grande, para cosas mucho más profundas y duraderas. Tenemos que ir preparando nuestra conciencia para que en el momento que llegue de dar nuestro voto sea la conciencia la que mande y no el temor o el miedo o la consigna recibida. Hay esperanza en esta Iglesia de Santa Cruz. Yo quiero agradecer el trabajo de todos los catequistas, de la juventud, que está metida de lleno en este gran servicio, agradecer también al Señor por nuestro presbiterio, que tiene ya sacerdotes jóvenes, propios de aquí, de nuestra tierra, pero la esperanza no quiere decir que ya no miremos el futuro, hay que seguir contemplando y trabajando para que no le falte a nadie el pan de la palabra y no le falte a nadie el pan de la eucaristía. Eso es importante, aquella expresión de Juan Pablo II: “Hambre de Dios sí, es la que tenemos nosotros que llevar a la práctica, tenemos que llenar y satisfacer esa hambre; hambre de pan no! Y allá tiene que ir nuestro compromiso para terminar con todos esos obstáculos a la dignidad y la promoción de cada persona en cada lugar donde se encuentre. Que el Señor de la vida, expresión que la decimos constantemente y que yo sé que la repiten nuestros sacerdotes y nuestros catequistas, que el Señor de la vida manifieste su amor dándonos vida abundante para que la misión permanente sea realmente una oferta total del pan vida, del pan de la verdad y del pan de la justicia. Amén!. Leido 321 Veces |
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