“Migrantes: Construyendo Unidad entre Pueblos y Culturas”
 

En conmemoración de una nueva Jornada Nacional de Migrante, la Pastoral de Movilidad Humana de Bolivia (PMH), quiere llegar a todos y de manera especial a los que trabajan día a día para hacer realidad  el lema; Migrantes: Construyendo unidad entre los pueblos y culturas.

Si colocamos la mirada fuerte en los más vulnerables de nuestro entorno, vamos a ver que la expresión Bíblica: “Las viudas, los huérfanos y los extranjeros”, tiene una tremenda actualidad en nuestros días. No es por casualidad que nuestros Obispos reunidos en Aparecida, reconfirmaron una vez mas la opción preferencial por los pobres y entre ellos de manera particular a los migrantes. Esa mirada Pastoral hacia los migrantes, tratando de sensibilizarse y sensibilizar la sociedad frente al dolor y los sueños de los migrantes.

 

Hoy no se puede ignorar los desplazamientos humanos, porque, la realidad migratoria en nuestro país, como  en el mundo es fomentada por la brecha cada vez mayor entre países ricos y pobres. Así quien, asume la condición de migrante no solo cruza el espacio físico del campo a la ciudad, ente ciudades, o de una frontera entre países. Sino que cruza la frontera de su propia dignidad, buscando con esperanza de mejorar su nivel de vida, así como el de su familia.

 

Esta dolorosa realidad que vemos en el desarraigo, la soledad, y en muchos casos la desintegración de la familia, así como la indiferencia que viven muchos migrantes. Nos deberían motivar a desarrollar actitudes pro-migrantes donde haya: dolor – consuelo; desarraigo – integración; soledad – amistad; indiferencia - actitud solidaria; explotación - ejercicio de sus derechos.

 

Como cristianos debemos dar una respuesta creativa y dinámica ya que el fenómeno de la movilidad humana nunca es el mismo. Por eso somos todos llamados a ser discípulos y misioneros, ayudando por ejemplo, a conocer los instrumentos legales que un migrante tiene como sujeto de derechos y deberes, visualizando sus problemáticas, sin ser objeto por esto: de mal trato, discriminación, rasismo o xenofobia.

 

De esta forma, todos dentro del Reino de Dios somos ciudadanos constructores de unidad. Nuestras diferencias deben crear unidad en la diversidad, ellas deben ser fortaleza de nuestra riqueza como manifestación de la presencia de Dios en el mundo, “a imagen y semejanza suya”.

 

Hay otra realidad en la cual no se respectan los derechos de los ciudadanos, y es el desplazamiento forzado. Para evitar el enfrentamiento entre hermanos y realizar un seguimiento y acompañamiento de este proceso es necesario que todos conozcamos  la realidad del proceso de reasentamiento. Trabajando en políticas poblacionales que realmente beneficien a todos los que participan en el proceso. 

 

Otros migrantes internos que en silencio se van moviendo del campo a la ciudad o entre ciudades por que son expulsados de sus lugares de origen, por no conseguir alcanzar la satisfacción de las necesidades básicas y de la escasa o nula proyección de un futuro para ellos y sus hijos.

 

Muchas otras familias han optado por emigrar fuera del país, produciendo así dos fenómenos bien visibles: Uno, la desintegración de la familia, en donde los niños que quedan al cuidado de otros familiares, crecen sin conocer el verdadero afecto de sus padres y para muchos de esto solo serán una comunicación talvez intensa al principio y precaria al pasar del tiempo, donde solo contara cuanto dinero enviaran para poder sostenerse a ellos y el entorno familiar sustituto. Y el otro, creándose en muchas instancias una falsa expectativa sobre las remesas de los emigrantes, que si bien vista en conjunto es un gran aporte para el Estado receptor, pero que no lo es tanto para la familia beneficiada. 

 

Sumado a lo anterior, tenemos que los conflictos políticos y sociales también provocan el flujo de refugiados hacia nuestro país, quienes debido a un temor de persecución bien fundado por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social, o una opinión política. Esto provoca una violación generalizada o violación masiva contra sus derechos humanos, viéndose obligados a dejar su patria, encontrándose en una situación de elevada vulnerabilidad.

 

Todas estas personas son hijos de Dios por eso duele ver que todavía en nuestra sociedad hay tanta indiferencia y poca sensibilidad hacia la problemática, en donde el mira para otro lado coloca en riesgo la integridad de nuestra sociedad permitiendo que mafias y crimen organizado crezca y lucre con nuestros hermanos como es el caso del trafico y trata de personas que si bien están identificado los lugares de captación y el procedimiento que se utilizan, tímidamente el Estado o la sociedad civil hace algo para prevenir o terminar con este mal.

   

Finalmente, como cristianos se nos ofrece año tras año la oportunidad de reflexionar a través de la Jornada Nacional del Migrante en una realidad positiva que los hermanos migrantes nos hacen ver: Este año, “Migrantes: Construyendo Unidad entre los Pueblos y Culturas”. Esta unidad nos fortalece y disminuye en algo el dolor de la realidad antes enunciada y en donde la riqueza que cada pueblo manifiesta a través de su cultura nos transforma en un mundo mejor, donde todos vivamos como hermanos e hijos de un mismo Dios.

 

Que Cristo migrante los bendiga y que Nuestra Madre, bajo la invocación de Nuestra Señora Madre de los Emigrante los proteja continuamente.

 

Un fraternal abrazo

 

Lic. P. Mario W. Videla, c.s

Coordinador Nacional, PMH Bolivia

Y Equipos de las Jurisdicciones de la Pastoral de la Movilidad Humana en Bolivia

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