Cuerpo y Sangre
 

Este mes de junio la Iglesia Universal celebra la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo una fiesta viva para el católico que deposita su fe en el milagro de la Eucaristía. Este mes Mons. Jesús Pérez nos regala una hermosa reflexión sobre la solemnidad del Corpus   y nos invita a salir de nuestra fe intima y proclamar  el sacramente de nuestra fe a los demás. ---xx---

La fiesta del Corpus Christi lleva el título siguiente: “SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO”. Esta fiesta sigue viva en nuestro pueblo cristiano católico. Nació en el siglo XIII, en Europa, con la finalidad de reafirmar y, sobre todo, públicamente, la fe cristiana en la  presencia real de Cristo en el pan y vino consagrados.

 

Por ello, en esta fiesta no nos fijamos tanto en la celebración de la Eucaristía, aunque la organicemos y celebremos con particular festividad, sino más bien en su prolongación, o sea, la presencia permanente en medio de nosotros del Señor Eucarístico, como alimento siempre disponible para los enfermos y como signo sacramental continuado de su presencia en nuestras vidas, que nos mueve a rendirle nuestro culto de adoración. Hay una gran mayoría de cristianos católicos que no practica o vive la adoración a Jesucristo. Es necesario volver mucho más a la  “atención adorante”.

 

Corpus Christi es una fiesta en la cual se nos invita a salir a las calles, a proclamar públicamente nuestra fe en la presencia real de Cristo. Esta fiesta nos convoca a salir de una fe intimista, haciendo público lo que creemos en la Eucaristía: “ESTE ES EL SACRAMENTO DE NUESTRA FE”. Es una ocasión propicia para ahondar nuestra fe y amor. Recordemos que el amor verdadero no tolera mantenerse oculto. Hay que darse a conocer a los demás como cristianos católicos. No caigamos en la tentación reprobable de disimular nuestra fe o avergonzarnos de manifestarla. Hay no pocos creyentes que no testimonian su fe en público. Es hora de que nuestro testimonio de fe sea manifiesto. Por ello, Aparecida, con la Misión Permanente, nos recuerda; Discípulo Misionero: escucha, aprende y anuncia. El anuncio más importante es vivir nuestra fe, no sólo en lo más íntimo, sino también públicamente.

 

Es necesario con motivo de la fiesta del Corpus reavivar nuestra fe, profundizar en el conocimiento de este sacramento admirable del Cuerpo y Sangre de Cristo, instituido el Jueves Santo, como sacrificio, alimento y presencia.

 

La temática de la celebración de esta fiesta nos relaciona con la “SANGRE DE LA ALIANZA. Dios propuso, por medio de Moisés, una alianza. Esta alianza era figura de la nueva alianza que llega a encontrar en Cristo su culminación. Una parte de la sangre de los animales para el sacrificio se guardaba en unas vasijas y otra mitad para que se rociara el altar y lo que se guardaba en las vasijas era para rociar al pueblo.

 

El autor de la carta los Hebreos explica claramente el sacrificio de Cristo a partir de lo que se ha vivido en el Antiguo Testamento, pero con un cambio radical de su significado. La Sangre de Cristo sella una nueva alianza para siempre. Celebrar la Eucaristía es celebrar nuestra fe. La Iglesia se hace y se fortalece con la Eucaristía en sus tres dimensiones.

 

Es muy importante que leamos y releamos la carta a los Hebreos, pues ella orienta nuestra vida e ilumina el actuar cristiano. Cristo es el Mediador, el puente entre Dios y los hombres. Cristo ha ofrecido su vida y ha derramado su Sangre en la Cruz por toda la humanidad, “ya no es necesaria la sangre de chivos, ni de novillos, sino su propia Sangre” (Hb 9,12). Él ansia de alcanzar el perdón de los pecados, la salvación eterna y llegar a la común-unión con Dios, queda cumplida definitivamente en el gran misterio de la muerte y exaltación de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

 

Santo Tomás de Aquino lleno de profunda admiración y gratitud exclamaba: “¡Oh sagrado banquete en que Cristo se da como alimento! En el se renueva la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria”. Fue Santo Tomás quien compuso el llamado oficio divino de la liturgia de las horas para el día de Corpus, poniendo toda su ciencia y su fe al servicio de la Eucaristía, al culto a Jesucristo presente y vivo en el pan consagrado.

 

A todos los cristianos nos viene bien encontrar momentos personales y comunitarios, de una oración más pensada, meditativa y serena ante el Sagrario, para agradecer el infinito amor de Cristo que ha querido permanecer con nosotros y también para aprender las lecciones de amor, pues la Eucaristía nos recuerda siempre que el Señor se nos da como cuerpo entregado” y “Sangre derramada”. Que esta fiesta nos dé la seguridad de que Cristo en la Eucaristía es: “Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que  nos purifica” (Prefacio I de la Eucaristía).

 

Jesús Pérez Rodríguez,

OFM.

ARZOBISPO DE SUCRE

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